Juego de poder - La guerra de Charlie Wilson
Por José Carrera L. | 25 September 2008 | Categoría: Sociedad |
Un senador de los EE.UU., tejano, (Tom Hanks) apremiado por una dama ‘altruista’ y un temerario investigador de la CIA, decide, a comienzos de los años 80, apoyar a los muyahidines afganos en su lucha militar contra la ocupación soviética.
Película entretenida en su diálogo, con un buen director y actores que le responden. El poder detentado por un personaje ideológicamente ambiguo que pretende, en actitud justiciera, equiparar una desigual confrontación bélica.
La política, con sus tintes de humanitaria igualdad, es con frecuencia una sucia política. El director Mike Nichols, tan recordado por “El Graduado”, nos presenta el recuento de otro “vergonzoso triunfo americano”.
El sentimiento de vergüenza en nuestro trajinar social, estando presente, procura permanecer oculto. La indecisión para elegir mandantes, es una confrontación de nuestra simpatía con la razón, es difícilmente admitida, vergonzante.
El voto vergonzante por McCain
…“En última instancia, nadie puede prever, a veces ni el votante mismo, lo que cada individuo hará en el instante de marcar su boleta. En lo que concierne a los intelectuales, es previsible un considerable voto vergonzante por McCain. El de aquellas personas que ceden a la simpatía formal de la esperanza ‘obamiana’, pero cuyo interés concreto les inclina a votar, secretamente, por el candidato republicano”.
http://emilioichikawa.blogspot.com/2008/06/el-voto-vergonzante-por-mccain_26.html
El voto vergonzante en Ecuador.
Acabo de ver una entrevista de Carlos Vera a Alberto Acosta, donde el estadista defendió con fervor la nueva Constitución, pero reafirmó que su quehacer político, terminará con el referendo.
De Acosta es conocida su fidelidad al proyecto de Alianza País del cual fue su teórico iniciador y todos nos hemos percatado de los contratiempos que le motivaron a renunciar como Presidente de la Asamblea en Montecristi.
Si en un espejo se mira al intelectual que fuera regidor principal de la Constituyente, a quien luego se le conminara por no dirigirla conforme a los requerimientos del Presidente de la República y por ello resignara tal dirigencia, para seguir como miembro silencioso de la Asamblea y advirtiera mas tarde de un plazo perentorio a su accionar público, la imagen proyectada, aún sonriente, es del activista defraudado por el amigo y coideario, que ahora funge de patrón.
No tengo el reparo de creer que Alberto Acosta, a pesar de defender el texto de la Nueva Constitución, vote NO, por recelar con razón suficiente, de la idoneidad de nuestro gobernante, quien desde ya, manipula a su antojo los preceptos establecidos.
En su lugar, lo haría. NO.
Esto de ejercitar el ‘uso de razón’ para decidir correctamente, nos apoda de intelectuales.
Imagen: OutNow