Un nuevo Robin Hood
Por José Carrera L. | 9 September 2008 | Categoría: Sociedad | 0 comentarios »
Esta fue una película que quise mostrar a mis hijos en su infancia y adolescencia, pero no fue posible, pues ninguna sala la re-estrenó, quizá por la vejez de su factura: 1938.
Hoy gracias al DVD, he adquirido una copia de esta clásica aventura, que diez años después de su producción, fuera reeditada en ‘technicolor’.
Ganó tres premios ‘Oscar’ y un galardón de la Academia de Cine de Fantasía y Ciencia Ficción.
Errol Flynn, Olivia de Haviland y el inmejorable malo Basil Rathbone, nos mantuvieron entretenidos durante unos raudos 102 minutos.
El cine, recreando epopeyas y exaltando valores de adalides y heroínas, nos ha legado recuerdos nostálgicos, que contrastan con los actuales conceptos de ideales antagónicos o unívocos.
La frase, ‘de película’ nos hablaba de una irrealidad fascinante, seductora, plausible, que mediante la ingenua manipulación de nuestra confianza, la creíamos posible.
Los años despiertan a la realidad y aprendemos a ser condescendientes, tolerantes, comprensivos; quizá en el ánimo de equilibrar la balanza. Pero…
En Ecuador, mi país, nuestro presidente encarna ese Robin de Locksley, reivindicatorio y revanchista. Sus arengas en contra de los “aniñados, idiotas, majaderas, cheerleaders y pitufos”, pretenden acabar con los malos de la ‘partidocracia y sus pelucones’, en beneficio de un pueblo explotado y privado de su derecho y albedrío. Suena bien la idea; es libertaria; pero ¿dónde está la partidocracia y quiénes son los pelucones? La identidad se facilita: dices ‘Si’ en el próximo referendo y eres otro miembro más del sufrido pueblo; si votas ‘No’, eres pelucón y actor de la negra noche neoliberal. Así registrados, pasaremos de la confrontación verbal a la agresión física y luego a…, la pelea, la guerra civil. ‘Alfaro vive carajo’. Obvio.
Quiero creer en la buena intención del presidente, mas su comportamiento demerita su quehacer político que ha tenido aciertos. Pero el uso excesivo de fondos del estado, los regalos distribuidos para conseguir votos, las nuevas promesas de campaña; la agobiante propaganda, los insultos, burlas y sarcasmos contra quienes se le oponen, sus desafíos, desaires, atropellos, ¿qué determinan?
Tengo 71 años y durante mi vida apolítica he visto pasar gobiernos que hicieron de la Constitución un trapo, ni siquiera de limpieza, mas bien de envoltura para proteger intereses personales. El si o no a tantas constituciones, ha sido y será irrelevante, mientras las razones de nuestra esperanza sigan extraviadas en la búsqueda de un ‘outsider’, de un Mesías.
Cito el libro ‘Los anormales’, de Michel Foucault, editado por el Fondo de Cultura Económica de Argentina S.A. Buenos Aires 2006 tercera impresión.
En la página 95 se lee:
“El déspota es quien hace valer su violencia, sus caprichos, su sinrazón, como ley general o razón de estado”.
“En efecto, ¿quién no podrá autorizarse a infringir las leyes, cuando el mandatario, que debe promoverlas, esgrimirlas y aplicarlas, se atribuye la posibilidad de tergiversarlas, suspenderlas o, como mínimo, no aplicarlas a sí mismo? Por consiguiente cuanto más despótico sea el poder, más numerosos serán los infractores. El poder fuerte de un tirano no hace desaparecer a los malhechores; al contrario, los multiplica”.
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No soy un cristiano ejemplar; pero me entusiasman los Evangelios en su doctrina y me acuso de no tener la voluntad férrea para ejercitar sus normas.
Admiro la parábola contada por Jesús, que en mi mocedad no comprendía. Un hombre encomendó su hacienda al cuidado de sus siervos. Al uno le dio cinco talentos, al otro dos y uno al tercero.
Mi pregunta: ¿Por qué al tercero se le daba solo un talento, al segundo dos y al primero cinco?
Entendí después la relación directa entre el bien recibido y su utilidad en el desarrollo del amor social. Mejor capacidad, mayor compromiso.
Si Madre Natura, me prodigó dos o más talentos, considero una obligación sopesar el valor de mi voto. Debo evaluar el argumento y contenido del largometraje, sin dejarme apasionar por el galán protagonista que me fascina por la ironía y menosprecio con que trata a los malos y es linda la sonrisa con que aplaude sus propias decisiones.
Imagen: Ciak Hollywood