Georgia Rule - La norma de Georgia

georgia-ruleLa familia lo será, a pesar de cualquier error o defecto de sus miembros y sus lazos prevalecerán más fuertes en la adversidad. La clave, el perdón.

Esta es la segunda película que he visto con la abuela Jane Fonda.

Hija, madre y abuela, en medio de una triste situación causada por un abusador.

La frase: “Algunas veces debes perder el camino, para encontrar a tu familia” nos recuerda circunstancias familiares controversiales, hasta destructivas.

Mi amigo Pablo me busca en sus confidencias.

Problemas de pareja que no hallan solución, por temor a despertar la conciencia dormida, que puede delatar el miedo escondido.

- He visto accidentalmente en Internet, un escrito sobre lo que es un “abusador” y me he dado cuenta que eso eres tú: un abusador.

Se lo había dicho en un altercado más de tantos, en medio de una situación matrimonial insegura y desconfiada. Un reclamo por palabras que no se desean entender y son consideradas como quejas frecuentemente repetidas.

Mi curiosidad le preguntó acerca de antecedentes y en pocos rasgos me explicó que años antes, siete, ocho o nueve, su esposa, con sus motivos y razones, le había manifestado que ya no le quería, que podía buscarse otra mujer y que se iría a Europa por algo obligante y por haberse percatado de una sumisión que soportó palabras y manoseos, durante más de veinte años. No se fue.

Le manifesté que una situación así era inmanejable y lo conveniente hubiera sido una separación que permita reflexionar a cada quien en su intimidad.

- No puedo separarme de ella, me necesita.

Larga fue la conversación acerca de tal necesidad.

Ser necesario es un valor dignificante de autoestima. Un compromiso de permanente esfuerzo por no desmerecerlo.

Sentirse necesario es un anhelo ligado a la dependencia.

- Sin embargo, estaría aliviado si ella iniciara una solución según sus sentimientos. Una separación consecuente con la determinación que le hizo cortar la relación de esposos y que, en lo posterior, me obviaría cualquier remordimiento.

- Oye Pablo, ¿crees que en verdad te necesita?

- Si, cuando se lo he dicho, no lo ha negado.

- ¿Te agrada que así sea?

- Es una razón para vivir.

Los ojos de Pablo están humedecidos. Entrecruza sus dedos, los desata y sus manos caen pesadamente entre las rodillas. Con voz trémula, coloquial, me explica:

- Gracias por escucharme. Siento necesidad de contar mis cuitas, esto me apacigua.

Esta mañana, mientras estaba sentado frente a mi mesa, se acercó a mi oído y con voz susurrante pero decidida, me dijo: abusador, abusador, abusador….

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