Exámenes

Hoy mi hija debe presentar tres exámenes; ayer fueron dos. Está empeñada en aprender de leyes, códigos, procesos y quiere conocer esa gama enorme de infracciones que inician los juicios.

“No quiero ser una abogada, pero si una letrada en la materia”.

El aula está distante de casa y el tiempo nos juega a carreras. El camino, silencioso, con poco tráfico. Ella revisa hojas de texto, quizá anotaciones de horas últimas o lecturas de materias de un estudio próximo.

Radio Francia lee sus últimas noticias. Llegamos.

- Gracias.

El diálogo está roto desde ayer a causa de temas harto susceptibles. Que tú dijiste, que yo no dije, que sí, que no…

Deberé esperarla dos horas o más para regresar juntos a casa.

Los autos se acumulan en las calles cercanas a la Universidad, buscando un lugar donde aparcar.

Encuentro un sitio frente al sol que quema mi piel a través de la camisa. Pienso, buscaré un periódico para leerlo mientras transcurre el tiempo de la espera.

Un policía se acerca y dice que estoy mal estacionado.

- Pero jefe…

El diario tiene noticias y opiniones en blanco y negro, en sí y no, en bueno y malo en ayer hoy y mañana, en tristeza y esperanza.

¡La esperanza es una larga, muy larga espera!.

El desayuno, que de costumbre tomamos a las 08h30, se retrasará hoy más que ayer. Debo comprar un sánduche y compartirlo con mi hija, en el camino de regreso a casa.

Apuro mi marcha al andar. Quizá su hora de salida, sea hoy más temprana.

Este dedo del pie izquierdo; el dolor me impide asentar con firmeza la pisada.

- Por favor, una orden… esa que tiene la foto del sánduche grande.

- Se demora cinco o siete minutos señor.

- Córtelo en dos partes, por favor.

Salgo a la calle a ver pasar la gente.

- Le limpio señor.

La cara del niño lustrabotas está sucia, con moco en la nariz. Se aleja arrastrando los pies y pantalones.

- ¡Orden 18!

Viene a mi memoria un verso del Mío Cid: “El ciego sol, el hambre, la fatiga…”

- ¡Mi pie!

Miraré antes la puerta de la Universidad y luego iré a donde está el auto.

09h30. Voy a esperarla junto a la salida.

De regreso, al abrir la puerta del auto, quito los periódicos que sobre el asiento impedían que el sol lo calentara.

Entre el run run del motor, ella bebe uno a uno, tres jugos en cartón que estaban en el piso.

- El sánduche está en la bolsa plástica, a tus pies.

- ¿Por qué no me lo dijiste antes de tomar los jugos?

El sol calienta más; y el auto, de bajada, parece refrescarse con el viento que desliza la montaña. En el carril contrario, dos buses disputan la primacía. Me detiene el semáforo. Una vendedora informal se acerca gritando:

- ¡Aplanchados, cidises! (CDs).

Es domingo.

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